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14/7/07

FORMAN EL GIGANTESCO ARBOL FLAMENCO MALAGUEÑO EL VERDIAL Y LOS FANDANGOS DE VELEZ?

Por M. Yerga Lancharro

(publicado en CANDIL 15, mayo - junio de 1.981)

Para Pepe Sollo y Manuel Urbano

El fandango, desde su origen, es un baile localizado en la comarca de Verdial, el cual va acompañado, por una parte, de diversos instrumentos de percusión, y de otra, de un cante cuyo origen se desconoce.

Unos lo creen de procedencia orienta1 y pudieran estar en lo cierto. Otros lo suponen de nacimiento malacitano. De este cante «prototipo» que iba asociado al baile FANDANGO, se derivó o extrajo una hijuela que más tarde sería aflamencada asignándosele el nombre de la región donde se produjo tan feliz acontecimiento: VERDIAL. Después sería padre de larga vida y numerosa prole, entre la que destaca el que consideramos su "primogénito» y al que bautizaron con el mismo nombre del baile, esto es, FANDANGO.

Dicen doctores en la materia que el proceso de su aflamencamiento fue obra de árabes y otros aseguran que lo fue de judíos. De ahí que resulten dos etimologías, una para el fandango como cante flamenco y otra como cante «jondo». Para los sustentadores de la primera opinión, procedería de los vocablos árabes "felah-mengu" o bien "felahmen-ioum»; en cambio, para los que mantienen la segunda de las opiniones, procedería del vocablo judío" jontoh ".

Amigos lectores, que me perdonen esos doctores porque rechace con estoicismo sus opiniones. Para mí y mientras no se me demuestre lo contrario, y difícilmente podrá hacerlo nadie, en el proceso de aflamencamiento, sólo debieron intervenir los hijos de aquella región.

El verdial, no el fandango, está hoy a punto de desaparecer, a menos que sea salvado por uno de esos jóvenes valores que surgen cada año de los importantes concursos de Córdoba, grabándolo y popularizándolo de nuevo a lo ancho y largo de nuestra geografía cantaora. Gracias al «milagro» de la grabación lo conservo en mi archivo en la voz del mas grande cantaor que para mí, ha dado Sevilla: MANUEL VALLEJO. También conservo unas excelentes grabaciones por verdial en la voz de un artista de mediana categoría artística, pero que gozó de una excepcional cualidad para interpretarlo en toda su prístina pureza, como muy pocos lo han hecho. Me refiero a Francisco Rojas Cortés, de Adamuz (Córdoba).

Del verdial se derivó otro cante con estilo más bello, aunque menos profundo, corriendo la misma suerte que su «genitor». Esto es, que dentro del dilatado período de interpretación que tuvo, no consiguió una profusión de artistas interesados por él, ni proliferación que tal belleza merecía, siendo sin duda alguna, su más valioso difusor, el portentoso veleño, «Juan Breva», quien después de llevarlo en su voz por toda nuestra geografía cantaora, lo grabó siendo muy anciano, con la única intención de ofrecernos generosamente un legado de incalculable valor histórico-artistico y no para pagarse su entierro como alguien ha comentado sin fundamento.

Pronto se destacaron con este nuevo estilo una pléyade de buenos artistas, siendo Joaquín Vargas Soto «El Cojo de Málaga» su más genuino y fiel intérprete. De los artistas foráneos a la comarca que nos ocupa, la de Verdial, hago justicia al resaltar la labor difusora de este fandango, a la familia Gálvez (los Yerbabuenas), de Granada y muy especialmente al gran Frasquito, porque me consta que lo popularizó con tal amplitud por su región, que logró fuese captado por los aficionados, considerándolo como cosa propia. Como algo connatural a su tierra. Hasta tal extremo es así, que incluso en nuestros días se viene interpretando con muy poca variación estilística respecto de su origen malagueño.

Hasta aquí he dejado expuesto el recorrido y expansión logrados por el verdial y su hijo el fandango. Ahora retorno a Má1aga para situarme en la cantaora Vélez y referirme a otros cantes básicos; a otros fandangos conocidos, uno sí y otro no, modernamente con el apodo de "bandolá». Estos cantes, como el verdial, estuvieron en trance de extinción, en la segunda mitad del siglo XIX, siendo también el maestro "Juan Breva" quien consiguió que una de sus dos modalidades adquiriese en su prodigiosa garganta su más pura configuración.

Al referirme a los FANDANGOS ABANDOLAOS (rechazad BANDOLAS por improcedente) no puedo dejar de rememorar, como aficionado agradecido, a la gran polifacética cantaora Dolores Parrales. Esta portentosa cantaora moguereña popularizó otro fandango de Vélez, concretamente el campero, con tal profusión, que raro era el aficionado onubense, de aquella época, que no lo cantaba mientras desarrollaba sus faenas agrícolas. Después de « La Parrala» pocos continuadores profesionales tuvo este tipo de fandango abandolao, siendo «Fernando el de Triana» y Antonio Silva «El Portugués», que yo sepa, los únicos que continuaron cantándolo. Más tarde, Manuel Torre y el «Niño de Cabra» hicieron de este cante algo digno de ser escuchado y por supuesto digno de ser propagado.

(continuará)

19/2/07

ARBOL DEL TANGO GITANO (I)

(publicado en CANDIL nº 26, marzo-abril 1983)

Por Manuel Yerga Lancharro


TANGO: Cante atribuido a la raza gitano-andaluza. Su raíz suponemos está en Sevilla, Cádiz o Los Puertos. Sus tercios son lentos. Fueron eminentes intérpretes, entre otros, La Niña de los Peines, Juanito Mojama, Manuel Torre, Fernando el Herrero, Don Antonio Chacón, El Niño de la Isla, Aurelio de Cádiz y El Niño Medina.

TIENTOS: Hijo del Tango gitano. Su creación también se le atribuye a nuestros compatriotas gitanos. De tercios aún más lentos que los de su genitor. Fueron grandes intérpretes los mismos que he reseñado para el Tango.

TANGO LIGERO: De Cádiz. Hijo del tango gitano. De tercios más ligeros que los de su padre. Tuvo su mejor intérprete en La Niña de los Peines y Manolo Vargas.

TANGUILLO: De Cádiz. Nada tiene que ver con el de Málaga. De tercios muy ligeros y de aire festero, se sale, desde mi punto de vista, fuera de la órbita flamenca para situarse en un plano altamente chuflanero y carnavalesco. El «Chato de las Ventas» nos legó varias grabaciones jocosas, con letras propias exquisitamente interpretadas. También Manolo Vargas grabó tanguillos con mucha sal.

En los primeros años de este siglo, el nombre de TANGO GITANO dejó de figurar en las caras de las placas gramofónicas, como consecuencia de una inexplicable absorción por su hijo el TIENTOS.

Ante este lamentable hecho cabe preguntarse: ¿cuál fue la causa de esta absorción? ¿No será, quizá, que la guitarra impuso a ambos cantes un mismo compás? Pero aunque lleven el mismo compás, ¿es que nadie distingue el TANGO GITANO hecho grande en las voces de La Niña de los Peines y Juanito Mojama, entre otros? ¿Cuál es la causa por la que hoy, los intérpretes actuales confunden el TANGO GITANO por el TIENTOS y cuando creen estar cantando por TANGO GITANO lo hacen realmente por TANGO LIGERO? ¡Qué pena, señores! No comprendo por qué no se rehabilita el antiguo TANGO GITANO y se suprime la denominación de TIENTOS.

Modestamente creo, que esta sería una fórmula ideal para eliminar el confusionismo que reina en la actualidad.

Otra fórmula podría ser la de suprimir el nombre de TIENTOS y restaurar el de TANGO-TIENTOS con que nuestros cantaores lo conocieron durante la década de los años veinte y si este título no agrada a la mayoría de artistas y aficionados, denomínese definitivamente TANGO GITANO, que es su auténtico «nombre de pila».

Para que puedan hacerse una idea del confusionismo que en la actualidad reina entre algunos cantaores profesionales relataré una anécdota que me sucedió en el mes de octubre de 1980. Con el deseo de escuchar cantes antiguos me visitó un cantaor, quien mostró su predilección por oír TIENTOS cantados por La Niña de los Peines. Yo que de forma inconsciente he regalado la mitad de mi archivo, sin recibir a cambio más que adulaciones y sinsabores, opté por cantárselos yo mismo, que por lo «bajini» aún puedo defenderme. De esta forma no se llevaría las grabaciones que pretendía.

Así pues, tras la interpretación de un TANGO GITANO, él me dijo que aquello era TIENTOS. No le repliqué. A continuación canté por TIENTOS y esta vez acertó. Acabada mi interpretación le pedí que me cantara en vista de que yo no lo había hecho -según él- por TANGO GITANO. Rápidamente lo hizo, pero ¿qué cantó? Un TANGO LIGERO. Esta vez no pude callar y traté de convencerlo, pero no me hizo caso. Así pues, desvié la conversación hacia otros derroteros y me abstuve de promover ninguna discusión en mi propio domicilio.

(continuará)