17/4/07

TIO GREGORIO, EL BORRICO DE JEREZ (I)

(publicado en CANDIL nº 15, mayo junio 1981)



-Tío Gregorio, ¿de dónde viene el cante, qué es para usted?

-El cante es nacío del vientre de las mares. Si naces pa eso, pa eso sirves. Como el que nace pa director de algo. Tú no naces pa eso y ya puedes tener toos los días un maestro a tu vera, que no aprendes en la vía. Del vientre de las mares Que te paran pa eso. jY na más!

-¿Desde cuándo canta usted, cómo fueron sus inicios profesionales?

-Bueno, yo he cantao siempre, desde mu chiquillo. Yo trabajaba en el campo con mi padre y mientras trabajaba, pues yo cantaba.

Yo tenía entonces diecinueve años y vino una feria -nosotros íbamos siempre a la feria- y un compare mío, que se llamaba Luis, me dijo: «Compare, usté tiene una vo que quita er sentío, está usté trabajando por catorce reales de sol a sol... Dile a tu mare que te vienes esta noche conmigo». Le dije a mi mare: "Mamá, que voy con Luis esta noche a un bautizo». Me fui con él a «La Espiga de Oro», que era un cabaret. Al entrar le dije a Luis: «Compare. ..yo no he visto esto nunca... ¡ozu! ¡que cosas! ». y me dice: «¡compare, pareces tonto, vamos ya, hombre! ». De buenas a primeras las señoritas en el escenario, en fin, el lío... Entonces llaman al dueño: «Manuel, aquí hay un cantaor, vamos a escucharle». La guitarra -y viene Paco Espinosa, uno que está ahora en Barcelona-, hago voz, en fin, esas cosas: «saca vino, una copita...». A eso se cuela don Manuel Garcés, representante de González Byass, y le dicen: «Mira, Manué, ese te va a gustar a ti. Canta por tó... ¡Ve a por la guitarra, Espinosa... da el tono por bulerías!». ¡Aaayyyy!..., ya está, y empezamos. «Toca por soleá»; luego: «toca por siguiriyas, por malagueñas, por tientos». Se quedó don Manuel Garcés espantao y me dice: «Oye, ¿tú con diecinueve años sabes to eso?.., ¿y por martinetes, sabes cantar?». Y le digo a Espinosa. «¡Suelta la guitarra...! ¡¡AAAyyyy!!». Y no veas. Esto pasó en el año veintinueve. Don Manuel me dijo, toma, y me dio un regalo... ¡Cuatro mil reales!, que no los ganaba yo en too el año en el campo. ¡Ojú!, me quedé encogío.

Por la mañana, cuando salió el sol, veo a mi padre en la calle con las manos atrás y con una cara, y le pregunta el portero, «¿qué busca usté? A mi niño.» «Ahí le tiene usté, hombre.» Se me acerca -figúrate el susto que yo tenía- y me dice que dónde he estao. Yo entonces le di los cuatro mil reales y le dije: «pues no lo ves, en un bautizo». Y me miraba como si yo, vamos, como si yo se los hubiera cogío a alguien. Y no me dijo na más que vámonos. A partir de entonces yo le dije a mi mare que no trabajaba más en el campo, que me iba de bautizos.

A la otra noche no fueron 4.000 reales, pero sí cien duros. Así me hice cantaor. Yo le daba los dineros a mi mare y ella me daba cinco duros, que con cinco duros tenía yo para una copita y tabaco; vamos, que me sobraban.

-¿De dónde le llegaron a usted esos cantes, de qué cuna son?

-Mi padre, que le llamaban "El Tati", cantaba y un tío que yo tenía, Juanichi El Manijero, que era el padre de Parrilla el bailaor. Cantaban por siguiriyas y soleá que no veas. Entonces solamente se hacía el compás con los nudillos o con un vaso, con un jarrillo..., con lo que se tuviera a mano. Ellos se juntaban por la noche y cantaban; yo estaba acostao, pero no me dormía pa escucharlos; otras veces me alevantaba y me sentaba al lao de mi tío en una sillita, así aprendí. Después, en la calle La Sangre, escuché a Antonio Frijones el viejo; a Antonia La Colorá en un tabanco que tenía. Yo me metía allí y se juntaban toos los gitanos viejos, mi padre y Frijones; yo me colaba pa sentirlos cantar y me sentaba en el suelo con las piernas cruzás pa escucharlos a toos.

A Frijones también le escuchaba en la calle que va pal cuartel de caballería, que le dicen la calle La Cuadra.

¿Usté no sabe quién era Frijones?

Frijones iba en tabanco en tabanco, puerta en puerta, cantando é1 solo; cuantito se tomaba dos o tres vasos ya estaba cantando. Además, siempre tenía el culillo fuera, siempre tenía algún roto, algún ganchazo... y le decían: «Antonio, hombre, ¿por qué no te pones unos pantaloncitos nuevos? ». Y siempre contestaba: «A mí me gusta este... ¡dame un vaso! ». y salía cantando Frijones, y yo, como los locos, corriendo detrás de él; donde iba Frijones, allí iba yo.

También he escuchao a Manué; más tarde a Tío José el de la Paula, tío Joaniqui de Lebrija...; en fin, yo comencé a coger rumores de aquí y de allí y luego me afinaba yo solo. Comencé a cantar por siguiriyas. porque mi gente cantaban toos por siguiriyas y también los demás cantes.

-¿A qué otros cantaores oyó usted cantar en su juventud?

-Escuché a Manué, tenía yo siete años. A Manuel Torre, Rosario La Mejorana y Ramírez, ¡vaya trío! Toa mi familia fue desde el campo: «¡qué canta Manuel Torre, que canta Manuel Torre...!». Yo de lo que me acuerdo es que Manuel se arremangó el pantalón de pana pa sentarse y yo dije: «¡Eh, que se le han visto los carzones blancos!». Esos carzones blancos hasta abajo, de entonces.

-Pero, Tío Gregorío, ¿cuáles fueron los que más le gustaron?

-Juanito Mojama cantaba muy bien por siguiriyas; y otro, como cantador más joven, Rafael Ramos Antúnez, que era El Gloria. Después, explicando el cante, me ha gustao Cepero, José Cepero, que lo escuché también en la Alameda vieja.

El Gloria era un bicho, era una cosa mala; ese comenzaba a cantar y cualquiera lo paraba, no le paraba ni el cañón... ese de..., ¿cómo se llama ese cañón?

Yo escuché al Gloria, a La Pompi, a la Luisa. La Pompi cantaba toavía mejor que Luisa. A esa la escuché yo con mi padre en el sombrajo, cuando vinieron a Sevilla, que vinieron a visitarnos a nosotros y al Gloria también, en ese bar que ya te digo que está en la esquina de Santiago, que es sobrino suyo... «El Bombi».

También El Chozas me gustaba a mí. Ahora, metía muchos infundios; pero, vamos, como lo llevaba bien... Tenía un estilo mu bonico por bulerías, un estilo propio:

Ahí víene un sordao
mu bien armao
que viene de Portugal...


y ya luego le metía otra cosa. Ea, que se iba a ver los sordaos y se iba a la legión; porque El Chozas era así. Ahora, los cantes de Cepero sí me gustaban a mí, porque los decía mu deletreaos, mu bien dichos.

-Sinceramente, ¿de quién aprendió usted más?

-De mi tío, que hacía el cante de Frijones limpio, lo hacía puro:

Fatigas pasé
con el tren de mercancías
y Frijones de Jerez.
Tu mare es una judía
que a mí me ha tirao a la calle...

(continuará)

1 comentario:

Bryan Douglas dijo...

gracias por compartir este!