1/12/06

MANUEL VALLEJO




MANUEL VALLEJO O EL RUISEÑOR FLAMENCO
Por Manuel Yerga
(publicado en CANDIL nº 10, julio-agosto 1980)

EXTRACTO BIOGRAFICO

Manuel Jiménez Martínez de Pinillo, el genia l cantaor que conocimos con el sobrenombre de VALLEJO, no fue natural de Sanlúcar la Mayor ni de Sanlúcar de Barrameda, como algunos estudiosos del arte han dicho sin fundamento. Manolo, como puedo demostrarlo documentalmente, tuvo el alto honor de nacer en Sevilla, en la casa número uno de la calle de Padilla, el día 15 de Octubre de 1891. Hijo de Manuel Jiménez y de Manuela Martínez de Pini. Nieto por línea paterna de Joaquin Jiménez y de Dolores Vallejo y por línea materna de Francisco Martínez de Pinillo y de Antonia Vara. Falleció en Sevilla el día 7 de Agosto de 1960.

VALLEJO COMO PERSONA

Manuel Vallejo tuvo los defectos y virtudes que encarnan a toda persona, pero como artista fue perfecto y solo desde este ángulo hemos de contemplarlo y criticarlo.
Leí un comentario sobre Manolo y me consta que afectó profundamente a sus familiares, muy especialmente a sus sobrinos Joaquín y Pila que le adoraban.

De Vallejo se sabe muy poco y si queremos hablar de cómo fue y cómo actuó entre sus semejantes, hemos de investigar en su biografía con toda honradez para no sacar a la luz cosas y casos irreales que perjudiquen a nuestro arte y hieran la susceptibilidad de los suyos.

Del artista podemos afirmar, sin lugar a equivocarnos, que fue hombre raro y muy hermético, llevado sin duda de su peculiar carácter que no le permitía convivir más que con un escogido número de amigos que se conocían lo suficiente como para aguantarse mutuamente sus rarezas e impertinencias. Por lo demás, Vallejo tuvo un buen corazón y en ocasiones se comportaba como un niño. Fue muy tímido, miedoso por excelencia y rayano en la inocencia siendo por estas condiciones humanas por 1as que sus sobrinos le querían con apasionamiento. Fue en cambio, malo para sí, ya que pudiendo haber gozado en sus últimos años de un merecido bienestar económico, vivió pobre aun que en verdad de nada careció; nada le hizo falta porque toda su familia le prodigó un trato y un cuidado exquisitos.

Hace ya varios años dijo un aficionado en un diario andaluz que Vallejo murió en el Hospital en un estado de abandono. Esto no es así. La verdad es que Manolo a instancias de su médico de cabecera fue internado para ser mejor atendido sanitariamente y no porque allí le llevase la indigencia. Desde el momento en que quedó internado en el Centro Sanitario, no le faltó la compañía de sus seres queridos. VaIlejo se vio abandonado, eso sí, por sus compañeros de arte, exceptuando a Pepe el Culata que lo visitó varias veces y Juanito Valderrama, que aunque ausente de Sevilla, se interesó vivamente por el curso de la enfermedad cardiovascular que desde el primer momento sentenció a muerte al Maestro y Rey de la Granaína. Pastora Pavón Cruz, «Niña de los Peines" y su esposo José Torres Garzón «Pepe Pinto» al conocer el fallecimiento de su compañero, enviaron una corona de flores, pero no asistieron al entierro ni a los funerales que sus sobrinos ofrendaron por el eterno descanso de su alma ¿Por qué tal comportamiento? Quizá porque Vallejo perdiera en vida a sus mejores amigos. Esto es cuanto realmente pudo haber sucedido. Pero a pesar de todo, por el amor de Dios, a modo de proclama yo diría: Profesionales y aficionados; amigos y enemigos; el artista después de muerto debió merecer vuestro mayor respeto y olvidándoos de odios, rencores y suspicacias, debísteis haberle acompañado a su última morada.



VALLEJO, ARTISTA

Como cantaor fue preciosista a la vez que grande. Tan grande como el que más. Tanto es así, que si queremos hacer una justa y ponderada valoración del cante flamenco de los años veintitantos, hemos de escoger entre sus máximos y polifacéticos intérpretes a Manuel Vallejo y a la «Niña de los Peines». Después de estos dos profesionales, sería muy difícil encontrar otra pareja que las igualase. Como bailaor, junto a Pastora y Juanito Mojama, formó un trío muy exquisito.

Y ahora no voy a ser yo quien explique a los aficionados sevillanos y seguidores del gran Vallejo las delicias y categoría artística del finado, sino que voy a limitarme a transcribir literalmente cuanto de él dijo ,el «catedrático del cante flamenco» Fernando el de Triana, allá por el año 1930:

«Vallejo es sin duda alguna, hoy por hoy, el único y verdadero ruiseñor moderno. ¿ Y sabéis por qué Manuel Vallejo y la «Niña de los Peines» son los que mejor cantan? Pues porque son los que mejor hacen «son», requisito indispensable para cantar bien. Cuando el gran Vallejo, la genial «Niña de los Peines» o el estilista «Mazaco» se agarran con bríos a cantar por siguiriyas, suenan los aplausos con otro temperamento. ¿Por qué? Porque esas TRES LUMBRERAS DEL CANTE ANDALUZ justifican siempre que son artistas y los cantes serios de esas TRES POTENCIAS no los cantan ni los chiquillos por las calles ni las criadas barriendo las puertas, como lo hacen con los cantes de otros cantaores».


Y por si esos títulos y honores fuesen pocos, vino el «supremo hacedor» del cante flamenco, don Antonio Chacón García, a concederle LA COPA DEL CANTE, el día 20 de septiembre de 1925, EN EL TEATRO PAVON DE MADRID; y el día 5 de octubre de 1926, por Manuel Torre, y en el mismo Teatro, le fue entregada la LLAVE DE ORO DEL CANTE FLAMENCO en presencia de numerosos profesionales, entre los que recuerdo a Luis «El Niño de las Marianas» , Antonio el hijo de Enrique el Mellizo, José Cepero, La Trianita y Pepe Badajoz, siendo esta llave la primera que fue otorgada diríamos «jurídicamente» porque la anterior concedida a Tomás Medrano Vergas (?) «El Nitri», lo fue por un puñado de aficionados, fuera de todo concurso y sin autoridad para ello.

Sólo por la concesión de estos máximos galardones, entregados por dos autoridades en la materia, Vallejo es dignísimo acreedor de mejor trato y de un grato e imperecedero recuerdo entre auténticos aficionados. Pero por desgracia los españoles gozamos de una muy merecida fama de olvidadizos, y aunque nos molesta, hemos de reconocer como justo ese defecto que se nos atribuye. En vida nos gusta regocijarnos ensalzando de forma un tanto exagerada las virtudes de nuestros ídolos, pero una vez que se ha producido su fallecimiento, olvidamos todo cuanto supuso para nosotros el finado. Abandonemos, pues, a Vallejo persona si no nos fue simpático, pero en modo alguno debemos abandonar al Vallejo artista que llevó el arte puro de Andalucía por toda España, a la misma altura que lo llevara la faraona Pastora Pavón.

Quiero resaltar para destruir lo manifestado por algunos críticos, que Manuel Vallejo, el de las perfectas modulaciones el que, al igual que el ruiseñor, utilizó todos los tonos musicales en sus interpretaciones, no fue analfabeto (lo puedo demostrar documentalmente), pues si bien es cierto que sus letras se las escribía el gran letrista sevillano, señor Mezquita, él también se atrevió a escribir algunas de las que cantó. El artista, a su manera, sabía leer y escribir lo suficiente como para defenderse dentro del mundo en el fue se hallaba inmerso.

¡Pobre Vallejo! ¡Cuántas ofensas recibió en vida y... también después de muerto! Así somos los humanos.

Algunos críticos del arte flamenco, de forma un tanto malintencionada, han publicado que Vallejo conquistó la Copa y la llave del cante sin tener enfrente a unos buenos competidores y ello no es así. Vallejo tuvo que competir con compañeros de valía, como lo fueron Cepero, Manuel Torre, Escacena y otros. De lo que sí estoy seguro es de que Vallejo ha sido duramente atacado rebajando su alta categoría de cantaor y lo ha sido por no ser gitano. De haberlo sido, ellos mismos hubiesen colaborado para lograr que el artista hoy formase parte de la mitología flamenca junto a los Torres, los Pavones, etc.

Como actualmente no existe ningún superviviente de los que compitieron con Vallejo, no veo otra posibilidad de justificar la legalidad de ambas competiciones que daros a conocer lo que por aquellos días dijeron algunos periódicos y revistas de Madrid. Veamos:

MADRID, 10 DE JULIO DE 1926

Copia de un documento: «Hoy sábado, 10 de julio de 1926. Teatro Cervantes. Madrid, Manuel Vallejo, ganador de la gran copa Pavón en e1 concurso celebrado, en el que don Antonio Chacón no sólo le concedió el gran premio por unanimidad del jurado, sino que ante más de cinco mil espectadores lo consagró como Emperador del cante jondo, siendo el único artista de este género que ha actuado durante treinta días consecutivos en los teatros Maravillas y Romea de Madrid. Vallejo es el único cantador que ha obtenido extraordinario éxito en sus medias granaínas y siguiriyas. Vallejo es llamado el Fleta lel cante jondo».

«Vallejo, gran artista del cante flamenco. Esta fotografía es hecha en el momento de serle entregada la llave de oro, concedida por unanimidad de todo el público, sin protesta de ninguna clase, como ha ocurrido en otros casos, en la competencia de ases del cante, celebrado el día 5 del corriente en el Teatro Pabón y en el que tomaron parte, Manuel Torre, Escacena, Cepero, Angelillo, El Chata Vicálvaro, Faro 1º, Villarrubia y otros. Madrid, 8 de Octubre de 1926. Periódico «El Paso atrás», revista de toros, teatro y espectáculos», Termino diciendo, que si Pastora Pavón «Niña de ,los Peines» recibió en vida el premio que indiscutiblemente se mereció, ¿Por qué a Vallejo no le pagamos la deuda que los puros aficionados tenemos contraída con él? ¿Por qué no creamos una Peña flamenca que lleve el nombre inmenso de Manuel Vallejo? Los hijos de Sevilla, tienen la palabra.

1 comentario:

cc kael dijo...

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